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Imagina un territorio desértico bañado en océanos de arena de horizonte sinuoso. Imagina espejos de agua cristalina escondidos en angostos y rugosos cañones. Imagina kilométricas playas vírgenes de arena blanca a los pies del cálido mar Arábigo. Tradiciones beduinas fusionadas con lo mejor de la cultura occidental. Un pueblo de afabilidad irremediable y hospitalidad inherente. Ciudades ancestrales sazonadas con el aroma de especias y decoradas con exquisita arquitectura Árabe. Y por último, pero no menos importante, un país al margen de los conflictos religiosos que castigan al mundo árabe y una estabilidad política envidiable.Efectivamente, hablamos de Omán.

 País del Sureste de la península Arábiga, antiguo protectorado de Reino Unido, cuya actualidad queda marcada por un desarrollo económico indiscutible desde el comienzo del mandato de Qabus en 1970. Por aquellos entonces el país apenas contaba con dos generadores de electricidad, dos hospitales, tres escuelas privadas y diez kilómetros de carreteras asfaltas.

En la actualidad, gracias a la explotación de sus fuentes de gas y petróleo y políticas sociales mucho más tolerantes y abiertas –debido principalmente a la corriente islámica ibadí, que contrasta con otras corrientes predominantes en países vecinos- Omán se ha abierto al mundo y aún conserva su singularidad y tradiciones milenarias alejadas del turismo de masas.

¿Cuáles son las visitas y lugares imprescindibles si vas a viajar a Omán?

Mascate, la capital

Si estás pensando en viajar a Omán, debes saber que es, con total certeza, uno de los países árabes más occidentalizados, y prueba de ello son sus modernos y gigantescos centros comerciales, extensa red de carreteras asfaltadas y cadenas multinacionales de restaurantes, que aunque escasas, es posible encontrar alguna en el centro de su capital. Por otro lado, y por orden del líder del país el sultán Qabus bin Said al Said, no encontraremos rascacielos –a diferencia de las capitales de los países vecinos-.

De hecho, en todo el país, no se puede construir por encima de los 100 metros de altura, lo que contribuye al encanto de este país, que aun ofreciendo la seguridad y tolerancia del mundo occidental, nos traslada a un universo árabe que crece en romanticismo y fantasía según nos alejamos de sus principales urbes. Destacan los cinco enormes minaretes de la blanca e impoluta Mezquita del Sultán Qaboos, el característico Palacio Presidencial del sultán, y el símbolo vanguardista de la capital: la Royal Ópera House. Este edificio de suma belleza combina lo mejor de la arquitectura árabe con la tecnología más puntera de la actualidad. Vigilada por imponentes montañas, que antaño protegieran la ciudad de posibles invasiones, se encuentra la zona antigua de Mascate –Old Muscat- donde encontraremos exquisitos restaurantes donde degustar la diversa gastronomía del país y lanzarnos a comer arroz con las manos como auténticos omaníes.

Wadis, pequeños oasis al cobijo del desierto

Los Wadis son pequeños cuerpos de agua fresca ribeteados por palmeras, plataneros y huertas de mangos que se esconden en ocasiones tras los muros de profundos cañones o las dunas del desierto. Existen Wadis fácilmente accesibles desde la autopista y otros –sí, estos son los que más nos gustan- que requieren de una buena caminata o un vehículo 4×4 (que puede alquilarse fácilmente en Mascate).

Pero en cualquier caso es importante recordar que seguimos en Omán, y que por tanto no encontraremos restaurantes, bares ni nada similar alrededor y que las temperaturas son habitualmente muy –muy- altas. ¡No vayamos a olvidar el agua! Pero si lo que queremos es darnos un baño de estrellas –lo cual recomendamos encarecidamente- deberemos llevar ropa de abrigo, pues la temperatura desciende drásticamente por la noche. Imagina darte un baño en mitad del desierto, en las cálidas aguas de estas piscinas naturales mientras el cielo se desnuda sobre nosotros mostrando millones de resplandecientes diamantes.

El Wadi Al Shab es probablemente uno de los más bellos, aunque sin desprestigiar a otros como el Wadi Bani Khalid.

Ciudad del Sur, que no del sur

Sin duda lo más atractivo de la ciudad de Sur es su privilegiada situación frente al mar de Arabia, que ofrece extensas playas semi-desérticas, aguas turquesas y la ilusión de toparnos con el espectáculo natural del desove de las miles de tortugas verdes –en peligro de extinción- que desovan en su suave y blanca arena. Y ya que he comenzado en un tono literario ciertamente novelesco, cabe mencionar que según cuenta la leyenda, Sur fue también la ciudad de un legendario navegante: Simbad el Marino, intrépido navegante protagonista en Las Mil y Una Noches. Quizá gracias a él –o viceversa- en Sur encontraremos los viejos astilleros, orgullo de la ciudad y museo al aire libre para los amantes de la navegación.

Las dunas de Wahba Sands

Wahiba Sands es otro de los must  si piensas viajar a Omán y es que no podemos abandonar este país sin adentrarnos en este océano de arena cobriza y surfear sus dunas a lomos de un 4×4 o, por qué no, un camello. Y es que existen opciones para todos los gustos, pasando por alojamientos “deluxe” con todo tipo de comodidades, campamentos más humildes para disfrutar de los atardeceres mágicos del desierto o incluso safaris privados a camello acompañados por guías beduinos conocedores de la zona. Pues, como dice Lonely Planet, “el desierto no toma prisioneros” y este no es un lugar para aventurarnos a nuestro aire.

Nizwa

Son las 6 de la mañana. El sol ya desvela las polvorientas calles de la ciudad. Y el murmullo de los activos comerciantes da paso a la algarabía –palabra que dicho sea de paso alude al idioma árabe en su versión árabe hispánica- y el alboroto producido por regateos y compraventas. A estas alturas este animado zoco de especias y el mercado de ganado habrán ya conseguido trasladarnos a las épicas páginas de Las Mil y Una Noches.

Jebel Akhdar o Montañas Verdes

A unas 3 horas de Mascate, la capital, encontramos un territorio rugoso, desbrozado por la propia naturaleza y el paso del tiempo que nada tiene que envidiar al Gran Cañón americano. De camino a Jebel Shams, uno de los puntos más espectaculares de la zona, deberemos realizar una parada en el precioso pueblo de Al Hamra.

Aquí podremos visitar el Bait al Safa –Casa de la Pureza-, una especie de museo en el que aprender cómo se desarrollaba la vida en este rincón de Omán hace cientos de años. Muy probablemente terminemos, como en casi todo encuentro en este país, charlando con los lugareños, con café y dátiles en el salón alfombrado de la antigua casa. Ya en Jebel Shams, a casi 3000 metros de altura, en un marco ciertamente abrumador y de horizonte difuminado observaremos el impactante paisaje del Wadi Ghul.

Curiosidad

La religión predominante es el islam, aunque en su forma ibadí –el 75% de la población- cuyas características hacen de Omán una nación mucho más tolerante y abierta que las de su entorno. Además está permitida la práctica pública de otras religiones.