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Cuando decidí viajar a Etiopía tenía claras cuáles eran mis metas. Esta vez no iba en busca del icono africano aunado a la impactante fauna salvaje característica del continente. Etiopía, se me planteó como un viaje a lo más profundo de las tradiciones ancestrales de sus etnias y un recorrido por sus cambiantes e impresionantes paisajes. Por supuesto, en Etiopía también es posible encontrar hipopótamos, leones, guepardos y en general, la mayoría de especies del continente. Sin embargo no quise perder la oportunidad de acercarme a sus tribus y descubrir un mundo que no podría distar más de la vida en Europa. Un país único para amantes de la fotografía como yo. Sigue leyendo, y te cuento por qué me enamoré de Etiopía.

Paseo por los mercados de etiopía  

La mejor forma de comenzar a entender la geografía y distribución de este país es dividiendo al mismo en 2 regiones: norte y sur. En la región más meridional encontramos el Valle del Omo, donde viven algunas de las tribus más auténticas del país, entre las que se encuentran los Mursi, reconocidos por los característicos “platos” que las mujeres utilizan para dilatar su labio inferior y que seguramente ya hayas visto en revistas y documentales de viajes. Si algo tengo claro tras todos estos años viajando, es que los mercados ofrecen al viajero una de las mejores maneras de inmersión en la cultura y tradiciones del país de destino. Una vez allí me di cuenta de que no era yo la única atraída por lo foráneo y desconocido. Peinados, ropa, abalorios servían de atracción para que con total naturalidad se acercaran a mí. Sin duda una de las experiencias más bellas que pude vivir en Etiopía, a través de la interacción con sus gentes en un entorno completamente cotidiano y libre de pretensiones.

Resultaba curiosa la naturalidad con la que me cogían de la mano, ansiosos por mostrarme los lugares más bonitos de su aldea, y la emoción con la que recibían mis signos de admiración y respeto hacia su cultura. Una experiencia única de cualquier viaje a Etiopía.

 

Etnias y tradiciones ancestrales 

Como comentaba al comienzo del artículo, Etiopía cuenta con una gran riqueza culturas representada por sus variadas tribus y etnias. Los Mursi, conocidos por sus impactantes platos labiales, son probablemente los más fotografiados y por tanto los más conocidos. Su atracción por los colores queda simbolizada en la forma en la que decoran sus cuerpos con todo tipo de abalorios, plumas, pinturas e incluso pastillas o plásticos que los visitantes les entregan. 

Los Karo, por otro lado destacan por las pinturas con las que decoran su cuerpo y también por las espectaculares vistas que ofrecen sus pueblos, construidos en lo más alto de las colinas con vistas al valle. Son probablemente una de las tribus más abiertas, disfrutan de la interacción con los turistas y les encanta pintar la cara a los visitantes como símbolo de bienvenida y aceptación.

En esta región también encontramos a la tribu Konso, quizá menos llamativa en cuanto a vestimenta se refiere, pero cuya habilidades artesanales o tradicional dedicación a la apicultura -siendo Europa uno de los principales consumidores de su miel de acacia– no pasa desapercibida. 

 

 

El ritual del salto del búfalo

La tribu Hamer se caracteriza por sus peinados acicalados con arcilla roja y plumas y su tradición del “salto del búfalo”, una ceremonia que todo varón debe completar para ser considerado un hombre por la tribu y poder así contraer matrimonio. Este evento no se celebra muy a menudo, y aunque no se realiza con fines turístico, si permiten la asistencia de viajeros. Sin embargo es importante ser consciente de las distintas fases del mismo, ya que el comienzo resulta bastante impactante y brutal a los ojos del turista.

El ritual comienza con las mujeres del poblado acercándose a los hombres, al tiempo que saltan y bailan cubiertas de barro haciendo sonar sus cascabeles, con el objetivo de convencerles para que las flagelen con un látigo que ellas mismas portan.  Las mujeres no deben revelar signos de dolor al recibir el golpe, y solo así demostrarán lo duras que son, y por tanto lo valiosas que son como esposas. Cuantas más cicatrices, y más grandes, más posibilidades tienen de ser las elegidas. Por supuesto, esta práctica no está libre de críticas, e incluso el propio gobierno etíope ha tratado de detenerla sin éxito debido a la oposición de las propias mujeres.

Tras esta impactante primera fase, los asistentes deben dirigirse a otra zona, en la que los varones deberán saltar una fila de búfalos sin caerse, para poder así realizar con éxito la transición a la vida adulta con éxito. En caso de no conseguirlo, no podrá volver a intentarlo hasta el próximo año.

 

Descubriendo el norte de etiopía

El norte de Etiopía sin embargo ofrece un país completamente distinto, donde las etnias y los humildes mercados, dejan paso a las iglesias, desiertos y paisajes espectaculares. Entre las maravillas de esta región encontramos la pequeña localidad de Lalibela con sus iglesias monolíticas subterráneas o Gondar, la antigua capital imperial de Etiopía donde aún es posible visitar sus edificaciones medievales. Pero si prefieres los horizontes sinuosos y el más absoluto vacío debes dirigirte al desierto de Danakil, uno de los puntos más bajos de la tierra, con volcanes, paisajes lunares y campos de geiseres multicolor de película. Una auténtica maravilla paisajística.

Un viaje a Etiopía es sin duda un viaje al corazón de África y lo más profundo del ser humano. Donde el valor de sus gentes, pese a las condiciones climáticas y económicas de la región, se descubrió ante mi como un auténtico tesoro y me enseñó una vez más, que no siempre da más, quien más tiene. Un país de contrastes, tanto por su riqueza paisajística como por sus tradiciones únicas en el mundo, al que volvería sin pensarlo dos veces. 

Ane – Departamento MICE 

Soy una apasionada de la fotografía de viajes y de la adrenalina. Desde pequeña aprendí que lo único que no se te quitará en la vida, es lo vivido, por lo que intento viajar con mi familia siempre que puedo, especialmente a destinos exóticos. La fotografía me permite encapsular esos momentos únicos y revivirlos eternamente.